miércoles, 29 de febrero de 2012

Mi reflexión de los capítulos 5 y 6

Los capítulos 5 y 6 concluyen el libro “Tecnología y escuela: lo que funciona y por qué” (2011)Madrid: Santillana de F.Pedró.

En el capítulo 5, no estoy del todo de acuerdo con la opinión del autor. No creo que se deba de olvidar radicalmente y romper con las estrategias no digitales que funcionan adecuadamente en la actualidad por el simple hecho de que “la tecnología es el futuro” y que hay que adaptarse. Según entiendo, defiende que hay que adaptar al máximo la tecnología tan sólo porque es lo que se demanda ahora.

Yo más bien pienso que la escuela, ya que es uno de los motores de la sociedad, debe estar comprometida por sí misma con los cambios y las circunstancias que se den en cada momento. En ningún momento debe sentirse obligada. Por esta razón, pienso que, como cualquier individuo, debe tener un compromiso moral con los quehaceres sociales (tanto en su mantenimiento como en su mejora). Los docentes deben tener un compromiso moral con la sociedad y deben saber adaptarse a esos nuevos cambios que en ésta se presenten.

 La escuela tiene que estar preparada para afrontar las nuevas actitudes, costumbres y valores, sin dejar de seguir apostando por una educación y un civismo de calidad, sea en el ámbito que sea.

Es innegable que la tecnología está influyendo y cambiando la sociedad actual. Los docentes tienen que ser los primeros conocedores de estas nuevas inserciones o las posibles variaciones que éstas conlleven. Por supuesto, un maestro no puede permitirse ser de mente cerrada a lo nuevo, cuando, irremediablemente, la sociedad va a seguir su ritmo y con ella, se llevan a cabo otros valores, otros pensamientos, otras actitudes y otros conocimientos. El maestro es esa figura que debe ser anticipadora de esos cambios, tanto para mostrar las diferentes ventajas como para adoctrinar en la nueva ciudadanía y valores cívicos (con ello, tanto en el respeto de la propia persona y de los iguales, ante todo, como en la conciencia de posibles peligros y fraudes)

Por supuesto también, es necesaria una mínima alfabetización informática para el profesorado. Guste o no, porque así es la sociedad y uno se debe adaptar a ella. Y más, si el centro escolar es, algunas veces, criba y/o cuna de valores, actitudes y pensamientos.

Lo más importante, y lo remarco otra vez, es conocer los posibles ámbitos que influyen al individuo, en cualquier momento, y crear una ciudadanía cívica y honrada. Y con esto, no son menos importantes los “avances” tecnológicos.

Es por esta razón, y por otro lado, que coincido con el inicio del capítulo 5: es imprescindible analizar todos los contextos: empezando por el aula, siguiendo por el centro escolar y acabando por el sistema en su conjunto. Pero es que lo primordial, para influir en la totalidad posterior, es el aula. Porque el aula influenciará y creará unos individuos, que formarán en su conjunto el centro escolar y que formarán en su totalidad el sistema. Por eso, el contexto más fácil para actuar y reivindicar unos valores, unas actitudes, unos comportamientos y unos sentimientos cívicos, adecuados a lo social y honrados es el aula.

En resumen, los maestros deben trabajar y fomentar el uso de la tecnología por el compromiso moral que tienen de hacer avanzar y mejorar la sociedad, así como adaptarse también a posibles cambios que puedan surgir en un futuro (fundamental e imprescindible es el papel de educador que tiene que, en vez de sentir las variaciones como una imposición, sentirlos como su estilo de vida y querer guiar adecuadamente a sus educandos hacia un buen conocimiento y uso de estos cambios)

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